Con la renovación apalabrada, el delantero demuestra su polivalencia y técnica exquisita en el momento más crítico de la temporada.
La confianza del Real Madrid en Brahim Díaz es absoluta. Mientras el club ultima los detalles de su nuevo contrato hasta el año 2030, el futbolista de 26 años está respondiendo sobre el césped con actuaciones memorables. Su impacto tras la Copa África ha sido inmediato; lejos de hundirse psicológicamente, ha aprovechado las bajas en el ataque para exhibir su polivalencia, destacando tanto en la banda izquierda como ocupando el hueco dejado por la lesión de Bellingham.
Su actuación en las dos últimas jornadas ligueras ha sido un reclamo directo hacia la titularidad. Con Rodrygo lesionado y Mastantuono aún adaptándose, Brahim ha tomado el mando asistiendo a sus compañeros y provocando acciones de gol fundamentales. Su mezcla de «picardía, habilidad y olfato goleador» es un activo que el Madrid no quiere dejar escapar, consolidando al ex del Milan como el gran «revolucionador» que ahora se empeña en derribar la última barrera: la de la continuidad en el once de gala.
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