La perla azulgrana combina técnica individual y madurez táctica para asfixiar a sus rivales
Ver jugar a Lamine Yamal unos pocos minutos basta para comprender que estamos ante un talento generacional. Su capacidad para poner a los defensores bajo una presión constante nace de un control cercano del balón que parece imantado a su bota izquierda. El juvenil del Barcelona domina las fintas con el cuerpo en ambas direcciones, una habilidad que deja a los laterales sin capacidad de respuesta, ya que nunca está claro si desbordará por fuera o buscará el carril central. Esta mezcla de picardía y técnica depurada le permite superar oponentes con una facilidad pasmosa, acumulando más de 150 regates exitosos en el presente curso, doblando en efectividad a muchos de los extremos más experimentados de Europa.
Sin embargo, lo que realmente convierte a Yamal en un dolor de cabeza para cualquier sistema defensivo es su compostura en el último tercio del campo. A diferencia de otros regateadores puros, el zurdo sabe cuándo levantar la cabeza para encontrar al compañero mejor ubicado, alternando su capacidad goleadora con una visión de juego periférica envidiable. Esta toma de decisiones, sumada a su habilidad para castigar el arco rival, lo sitúa como el atacante más devastador del momento. Si los equipos rivales aún no han descifrado cómo detener al prodigio de Mataró, es porque Yamal ha evolucionado hacia un nivel de juego donde su creatividad no tiene guion ni techo a la vista.
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