Laporta abandona el cargo para centrarse en la campaña del 15 de marzo con la aprobación de la masa social.
La era de Joan Laporta ha entrado este lunes en una fase de interinidad tras su renuncia voluntaria al cargo de presidente. El dirigente, fiel a su estilo carismático y directo, aprovechó su última intervención oficial para reivindicar su legado y movilizar a la masa social ante la cita electoral del próximo 15 de marzo. Con un tono esperanzador, Laporta aseveró que los socios están satisfechos con el rumbo que ha tomado el club en este ciclo, destacando que su mayor éxito ha sido devolver la competitividad y el prestigio internacional a la camiseta blaugrana. Su dimisión, obligatoria por normativa estatutaria, es el primer paso de una carrera donde el abogado buscará convencer al socio de que el trabajo aún no ha terminado y que su experiencia es vital para afrontar los retos venideros.
El ya expresidente barcelonista no ocultó sus ganas de retomar el mando de inmediato, proyectando una confianza absoluta en sus posibilidades de victoria. «Me voy con ganas de volver a veros», sentenció, dejando entrever que su equipo ya tiene diseñada una hoja de ruta agresiva para la campaña electoral. Laporta se apoya en la percepción de que la «alegría culé» es un activo real que ha logrado recuperar tras años de sombras, y utilizará esa inercia positiva para combatir a las candidaturas opositoras que cuestionan su modelo de gestión. Para el mandatario, estos cinco años han sido de reconstrucción, y la próxima etapa debe ser la de la consolidación definitiva del Barça como una potencia imparable tanto en el césped como en el ámbito institucional.
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