El atacante cuenta con un compromiso a largo plazo y un precio prohibitivo que dificulta enormemente su salida hacia un rival directo.
La hipotética marcha de Julián Álvarez rumbo a la plantilla del Barça se topa de frente con una realidad contractual sumamente rígida en la capital. El atacante selló recientemente un compromiso a largo plazo con el Atlético de Madrid que lo vincula a la institución hasta el año 2030, tras una transferencia que supuso un desembolso de noventa y cinco millones de euros. Por si fuera poco, su cláusula de rescisión asciende a quinientos millones de euros, una cifra totalmente disuasoria para los competidores.
Debido a estas magnitudes financieras, los deseos del futbolista no resultan suficientes por sí solos para desencadenar una resolución favorable. La escuadra rojiblanca no está dispuesta a facilitar la venta de una pieza estratégica de su ataque, y mucho menos a un contrincante directo de LaLiga como el Barça. De este modo, la operación continúa categorizada como un objetivo extremadamente lejano debido al férreo blindaje de la directiva madrileña en los despachos.
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