La FIFA baraja una polémica ampliación a 64 países para la cita mundialista de 2030 La ambiciosa propuesta de inclusión de la Conmebol gana enteros en los despachos de Zurich.
El debate en torno al gigantismo en las competiciones internacionales ha vuelto a encenderse en las altas esferas del balompié tras reactivarse la propuesta de implantar un torneo con 64 selecciones. Lo que en un principio emergió como un simple testeo de opinión por parte de la confederación sudamericana, se ha transformado en una corriente formal respaldada por múltiples asociaciones nacionales que ansían participar de los beneficios de la gran cita. Gianni Infantino defiende firmemente que la Copa del Mundo debe constituir una festividad accesible para todos los territorios del planeta, especialmente para aquellas naciones que jamás han gozado del privilegio de competir en este escenario. El ejemplo de la inminente cita norteamericana, que albergará por primera vez a delegaciones modestas como Curazao o Uzbekistán, sirve de argumento principal para justificar la ampliación del pastel competitivo en el futuro a corto plazo.
La resolución definitiva sobre el formato que acogerá la candidatura ibérico-marroquí se postergará hasta que se complete el presente torneo ecuménico, momento en el que el organismo rector asumirá plenamente el control operativo del evento. Este escenario de provisionalidad alimenta la inestabilidad geográfica en España, donde la viabilidad de sedes históricas se encuentra seriamente comprometida por los rigurosos estándares institucionales que se aplicarán de forma unilateral. El campeonato, que contempla además encuentros conmemorativos en suelo uruguayo, argentino y paraguayo, afrontará un profundo proceso de revisión logística una vez concluya la actividad en América del Norte. Por el contrario, la idea de saturar el calendario con un torneo de clubes cada dos años parece haber perdido vigencia en la agenda presidencial, respetándose la planificación ya fijada para el cierre de la década.
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