La batalla institucional que sacude los cimientos del organismo rector no altera, de momento, los plazos previstos para designar el escenario del partido decisivo del torneo.
El pulso geopolítico entre las diferentes confederaciones y la presidencia dirigida por Gianni Infantino mantiene en vilo el panorama internacional del balompié de cara a las próximas citas electorales. A pesar de la ofensiva frontal encabezada por Aleksander Ceferin y la UEFA para intentar desbancar al actual dirigente, los cálculos aritméticos reflejan que la oposición no dispone de los apoyos necesarios para convocar un congreso extraordinario. En medio de esta guerra abierta, los intereses estratégicos sobre la gran cita del torneo del centenario siguen su curso, con Marruecos presionando fuertemente desde el norte de África para arrebatarle protagonismo a las sedes europeas.
La potestad última para decidir la ubicación del encuentro definitivo recae directamente sobre la figura del mandatario ítalo-suizo, un factor que eleva la incertidumbre en los despachos de la Real Federación Española de Fútbol. Fuentes periodísticas especializadas apuntan a que el coliseo del Real Madrid cuenta con una ventaja sustancial respecto al recinto azulgrana en las preferencias de la cúpula internacional. Mientras los comités organizadores lidian con filtraciones interesadas y campañas de desgaste mutuo, los expertos advierten que un hipotético cambio en la presidencia apenas alteraría los protocolos ya establecidos para la macroorganización mundialista.
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