La plantilla madridista considera desproporcionado el criterio arbitral en la victoria ante el Villarreal y denuncia un trato despectivo.
El vestuario del Real Madrid se convirtió en un polvorín tras la ajustada victoria frente al Villarreal en el Santiago Bernabéu. Pese a sumar tres puntos fundamentales, los futbolistas mostraron una absoluta incredulidad ante las decisiones del colegiado Díaz de Mera y el estamento arbitral. La plantilla no ocultó su malestar por el evidente desequilibrio en el reparto de tarjetas, al recibir cinco amarillas y una expulsión tras cometer apenas ocho faltas.
La acción de Vinicius Junior centró gran parte de las discusiones en la caseta madridista tras el pitido final. El atacante brasileño, que comenzó en el banquillo y revolucionó el juego ofensivo antes de ver la cartulina roja, aseguró a sus compañeros que el lance con Saliba fue un simple enganchón involuntario. Sus compañeros respaldaron firmemente su versión, mostrando además su indignación por la falta de un criterio uniforme con respecto a lances sufridos en encuentros anteriores.
El descontento en el club blanco se agravó debido a la actitud mostrada por los asistentes y el cuarto árbitro durante todo el compromiso. Esta tensión provocó diversos enfrentamientos en la banda con el técnico José Mourinho, quien optó por suspender su comparecencia ante los medios de comunicación tras el choque. El preparador prefirió guardar silencio públicamente para evitar sanciones mayores y garantizar así su presencia en los decisivos duelos ante el Sevilla y el Barcelona.
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