El árbitro inglés Michael Oliver cuenta con un balance negativo con los culés y ya dirigió el último doloroso precedente europeo frente al PSG.
La elección del colegiado inglés Michael Oliver para el choque entre el Barcelona y el Paris Saint-Germain ha despertado cierto recelo en la entidad catalana. A sus 41 años, el trencilla británico ha dirigido al club azulgrana en cuatro oportunidades previas, dejando un bagaje preocupante de solo una victoria, un empate y dos derrotas. Las estadísticas del arbitraje inglés contrastan frontalmente con el balance del PSG cuando le pita Oliver: cuatro triunfos parisinos en seis precedentes.
El recuerdo más amargo y reciente para la expedición barcelonista tuvo lugar la pasada campaña durante la fase de grupos del torneo continental. En aquel choque, arbitrado precisamente por Oliver, el cuadro culé cayó derrotado en su propio estadio por 1-2 ante el conjunto francés, actual campeón de Europa. Esta coincidencia añade un componente de presión psicológica añadido a un enfrentamiento de máxima rivalidad continental.
Para superar el reto del Parque de los Príncipes, el plantel azulgrana deberá abstraerse del historial y centrarse en el terreno de juego. La exigencia de medirse al vigente campeón requiere máxima concentración para evitar cualquier decisión arbitral divisoria o expulsión evitable. El vestuario sabe que la solidez futbolística será la única vía para romper la racha negativa bajo la batuta del trencilla británico.
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