El ultimátum de Aleksander Ceferin contra la privatización del Mundial amenaza con dejar fuera a la selección defensora del título de su rol como sede de la edición 2030.
La advertencia lanzada por el organismo europeo de suspender la presencia de sus 55 federaciones asociadas sacude los cimientos de la cita mundialista prevista para la próxima década. La negativa rotunda a permitir la entrada de inversores privados en la propiedad de los torneos abre un escenario de crisis sin precedentes para los países organizadores. El combinado nacional español, que defenderá su corona en el torneo, se encuentra atrapado en medio de un conflicto institucional de alcance imprevisible si la presidencia actual mantiene su cargo.
La firmeza mostrada por el bloque europeo rompe cualquier atisbo de acuerdo pacífico con la cúpula de Zúrich, cuestionando la viabilidad del formato actual aprobado para el evento. Con Portugal y Marruecos como coorganizadores, además de los partidos inaugurales asignados a Sudamérica, el tablero geopolítico del deporte rey tambalea sus cimientos. La amenaza de un plantón generalizado de las selecciones del viejo continente deja en el aire la celebración de los partidos en territorio español si no se rectifica el rumbo.
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