Uno de los problemas más graves que ha detectado el Real Madrid es la tendencia magnética de sus atacantes hacia el costado zurdo, lo que genera un embudo táctico difícil de gestionar.
Tanto Mbappé como Vinícius prefieren arrancar desde esa zona para buscar el recorte hacia adentro, lo que reduce los espacios de maniobra y facilita la tarea de los sistemas defensivos rivales. Esta falta de amplitud ha provocado que el equipo se vuelva asimétrico y previsible, dejando la banda derecha como un territorio infrautilizado que no genera ninguna amenaza real, permitiendo a los contrincantes cerrar filas con mayor facilidad en la zona de conflicto.
Jude Bellingham, que destaca por su capacidad de irrumpir desde el centro del campo, también se ve afectado por este desorden, al no encontrar carriles libres para sus potentes llegadas al área. El nuevo técnico tendrá la misión de redistribuir las funciones para que el inglés pueda seguir siendo determinante sin chocar con las rutas de carrera de los delanteros. La armonía táctica pasa por obligar a los jugadores a respetar zonas específicas del campo, evitando que el deseo individual de tener el balón condicione la fluidez de un equipo que necesita urgentemente recuperar el orden para ser temible de nuevo.
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