El polvorín que espera al técnico portugués en el vestuario madridista
José Mourinho asume su segunda etapa en el Real Madrid con la tarea de embridar un vestuario marcadamente fracturado tras una temporada sin títulos. A diferencia de las gestiones de Zidane o Ancelotti, el preparador luso aterriza en un escenario de guerras internas evidentes, ejemplificadas en el choque entre Valverde y Tchouaméni o en las quejas públicas de Mbappé tras ser suplente en Oviedo. La directiva confía en su mano dura para enderezar el rumbo, recordando que en su anterior ciclo no le tembló el pulso para sentar a figuras de la talla de Casillas, Ramos, Cristiano, Kaká u Özil en favor de la disciplina colectiva.
En esta nueva aventura, el estratega portugués ya no cuenta con el respaldo de referentes pasados, pero dispone de aliados estratégicos como Courtois, con quien coincidió en el Chelsea, y el joven Huijsen, a quien dirigió en la Roma. La salida confirmada de Carvajal obliga a reestructurar el núcleo de poder en la caseta. Mou se enfrenta al desafío de gestionar los egos de estrellas consagradas como Vinicius y Mbappé, un reto superior al que vivió en su día con unos emergentes Benzema e Higuaín, buscando repetir aciertos de su primera era como el blindaje del grupo o el histórico fichaje de Modric.
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