El recuerdo del «extraño bote» que condenó al Barcelona en la pasada ida de las semifinales de la Copa del Rey ha pesado mucho en la decisión de la UEFA de supervisar el terreno de juego. Aquel error de Joan García tras una cesión de Eric García, provocado por las irregularidades del pasto colchonero, fue el argumento principal de Flick para exigir garantías en la Champions. El organismo internacional no ha querido dejar margen a la polémica y ha impuesto un estándar de 26 mm para evitar que acciones fortuitas marquen el devenir de una eliminatoria de este calibre.
Esta intervención asegura que el balón rodará sin sobresaltos inesperados, una noticia que el cuerpo técnico culé ha recibido con satisfacción tras las tensiones de las últimas 24 horas. El compromiso de regar el campo en la media parte subraya la intención de la UEFA de ofrecer el mejor espectáculo posible, protegiendo a los futbolistas de mayor calidad técnica. El Atlético, por su parte, deberá adaptarse a un terreno que, aunque sigue siendo su casa, presentará una velocidad de juego superior a la que habitualmente manejan en las competiciones domésticas.
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