La tensión institucional alcanzó su punto álgido en el propio Estadio Metropolitano, donde Joan Laporta protagonizó una discusión subida de tono con Giorgio Marchetti, secretario general adjunto de la UEFA.
El presidente azulgrana no ocultó su «cabreo morrocotudo» y recriminó al directivo el trato recibido durante todo el cruce, denunciando lo que en el seno del club se percibe como un desprecio arbitral que ha condicionado el devenir deportivo del equipo de Hansi Flick.
Este enfrentamiento refleja el clima de hostilidad que se vive entre el Barcelona y los organismos europeos, alimentado por la sensación de que el equipo fue superior en el juego pero castigado por los detalles técnicos. Mientras Marchetti defendía la postura oficial, Laporta hizo valer su indignación ante el rechazo de la queja por la mano de Pubill, una herida que sigue abierta y que el barcelonismo interpreta como un obstáculo insalvable en su camino hacia las semifinales.
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